martes, 30 de junio de 2009

Una noche cualquiera

-Por qué despues verme al espejo, mi reflejo desaparece???-
-Muchacho, tranquilizate, la maldición de la sangre es mas complicada que eso- Augusto Moria tiró un vaso contra el piso...
-!No me interesa la maldición!-
El mayordomo recogió los restos de vidrio...
-Muchacho, pronto entenderas...-
-Vete, ahora- el jovencito enojado trancó la puerta detrás de el sirivente leal
-No me interesa nada sobre maldiciones...- Se asomó por la ventana, empujandola con fuerza, esta quedó de par en par dando vista a un hermoso patio con plaza de ceramica blanca tallada con figuras angelinas, rosas y cuervos, que representaban el escudo de la familia Moria, iluminadas por farolas de época antigua, entre los arbustos del jardín una figura negra en sus rodillas, Augusto se inclino hacia delante para ver mejor, intrigado por la misma, esta corrió hacia la mansión, Augusto gritó con todas sus fuerzas, pero ya el sonido
había ido, la Assemite fue tan rápida como decian las leyendas, en un segundo estaba subiendo por la pared, en el otro, estaba de rodillas detras del joven príncipe...
-Buenas noches querido principe- Augusto cayó en sus brazos con una estaca en el pecho...

No hay comentarios:

Publicar un comentario